Ni personas centrípedas ni personas centrífugas

El Síndrome de la Cenicienta, término acuñado por Colette Dowlign, declaraba tal como Zygmunt Bauman comenta en su libro, que el deseo de estar seguro, calentito y con alguien que se ocupe de uno es un “sentimiento peligroso”- en clara referencia a las mujeres dependientes de su pareja- y que les hace perder la capacidad de seleccionar la mejor ola para sacarla en un momento determinado y de pasar con rapidez de ola a ola en cuanto la corriente cambia de dirección. Bauman advierte que se vaya con cuidado porque Dowling instruye para que inviertan en su persona en solitario.

Creo que Bauman quiere decir con todo ello que este mundo, lleno actualmente de vaqueros solitarios, no le vale ni las personas centrípetas (el vaquero o vaquera) ni la personas centrífugas (el serviente o servienta). Es más, acaba afirmando que un itinerario de vida debe ser capaz de oscilar entre ambos extremos.

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