Un mundo feliz

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“Y de repente echóle los brazos al cuello; sintió, suaves, sus labios sobre los suyos. Tan deliciosamente suaves, tan cálidos, tan eléctricos, que no pudo por menos pensar en los besos de Tres semanas en helicóptero. ¡Uh ! ¡Uh! La rubia estereoscópica y ¡ah! el negro más que real. ¡Qué horror! Intentó desasirse, pero Lenina apretó su abrazo”
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