Paella de Fab Lab

Ayer asistí a la inauguración de un Fab Lab en Barcelona. Un Fab Lab se puede traducir rápidamente como un laboratorio de fabricación. Siempre la fabricación ha estado asociada a grandes procesos industriales pero desde hace varios años el grupo The Center Of Bits and Atoms está trabando en llevar este proceso al campo doméstico. ¿Cómo? Con una serie de cortadoras láser conectados a un ordenador personal, a día de hoy un poco más grandes que una fotocopiadora y tan caras como un BMW, capaces de trabajar materiales como el cartón, el yeso o el plástico para crear piezas con las que fabricar objetos.Este proceso se está conociendo como el Personal Fabrication (PF), la evolución del Personal Computer (PC). Se entiende como evolución porque el PC crea y almacena bits en un entorno personal, en cambio el PF va más allá “creando” y “almacenando” átomos. Quizá es una definición un cierto rebuscada y no del todo precisa, pero realmente elegante.

En el mundo se han instalado varios Fab Labs, os invito que visitéis la página central del proyecto. Cómo podéis comprobar, algunos de los Fab Labs están en países en desarrollo, no por casualidad, sino porque uno de los puntos fuertes de la idea es la posibilidad de potenciar sectores marginales dado que se les proporciona una herramienta con un alto poder de creación y de autonomía. ¿Quién no evolucionaría teniendo toda una fábrica encima del escritorio?

Como os he comentado al inicio de este artículo, en Barcelona se ha querido inaugurar uno. Está en el Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya (IAAC) en el corazón del Poble Nou y ayer se realizó el acto de inauguración. Vicente Guallard, uno de los directores del centro es el responsable de haber traído el Fab Lab aquí. En el acto de ayer estaba presente el padre de los Fab Labs: Neil Gershenfeld y uno de los promotores aquí en Catalunya de la cita: Alfons Cornella que vestió el acto con su peculiar visión de la innovación…

Tras la velada, que por otra parte fue agradable, un inteligente aperitivo: ganchitos, patatas, frutos secos y un buen cava (lejos de esos pica pica excesivos) y el edificio que recoge el instituto entre sus paredes que es un almacén estilo burtoniano semicaótico con reminescencias a loft newyorquino que me encantó, llegó el momento de la reflexión camino al metro.

¿Lo que habían presentado era un Fab Lab? De momento, no. Están más cerca que otros de conseguirlo, parece que sí. De momento, la maquinaría instalada se le saca partido por parte de los arquitectos ya que permite crear modelos y maquetas de casi cualquier cosa en pocas horas con una calidad muy elevada. Pero del uso multidisciplinar de las impresoras creando conocimiento y productividad directamente en el tejido social, eje del Personal Fabrication, apenas se asomó en día de ayer. Tan solo la demo de los chavales que crean un mural graffity personalizado con la ayuda de las impresoras y un punto en la web donde se anuncia el Fab Lab Central hacen pensar en las futuras intenciones.

Pero no por ello deja de ser un primer paso importante y una excelente excusa para introducir el futuro en el presente de nuestra sociedad. Y es de agradecer que las personas involucradas en el evento de ayer lo hayan promovido, siendo conscientes de la importancia que representará esta tecnología cuando esté a disposición de todo el mundo.

De mientras, me voy pensando en comenzar la carrera de química para especializarme en la ciencia de los materiales. Seguramente hay mucho a trabajar en busca de materiales que hagan la función de “cartuchos” de estas impresoras en 3D de tal forma que combinándose se pueda realizar objetos con distintas propiedades mecánicas, eléctricas y ópticas (y en diferentes grados de gravedad…)

FacebookTwitterGoogle+Pinterest

Deja un comentario